Introducción a los Salmos

El uso de los Salmos durante siglos en la adoración cristiana es evidencia suficiente para mostrar que, sin dejar de lado los problemas que implican, no hay parte del Antiguo Testamento en la cual el cristiano se encuentre más fácil y más completamente cómodo. Nos resulta fácil ver al mismo Dios que ahora nos ha sido revelado plenamente en Cristo; vemos hombres de la misma carne y sangre que nosotros, luchando y comprobando que  Dios es suficiente para situaciones que, en principio son las mismas que las nuestras. Sentimos un profundo desafío y frecuentemente somos reprendidos al reconocer su amor por Dios, su gozo en conocerle y su disposición para sufrir por la fe en  mucho mayor medida que nosotros, a pesar de que a nosotros Dios nos ha mostrado su amor en “que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Ciertamente, de la manera que pronto aprendemos en el Nuevo Testamento que la era de la gracia no es sin ley, igualmente aprendemos en  notable forma en los Salmos que la era de la ley no era sin gracia. El gozo y paz de creer, así como las tribulaciones por medio de las cuales debemos entrar al reino, han sido siempre la experiencia del Israel de Dios.

Cuando entramos en los salmos estamos entrando en el santuario de Dios, un lugar donde, de manera especial, podemos encontrar a Dios y disfrutar de comunión con él. Los judíos desde hace 3.000 años y los cristianos desde hace casi 2.000 años han encontrado en los salmos una guía inspirada para su oración, adoración y comunión con Dios.

Es cierto que Dios está presente en todo lugar; pero la Biblia también nos enseña que Dios ha escogido ciertos lugares y tiempos para manifestar de manera especial su presencia. Tal es el caso con los acontecimientos en lugares como Sinaí y Jerusalén, y en tiempos como el éxodo y el peregrinaje de Israel, el tiempo de los grandes profetas, el de Jesús y podríamos decir en tiempos especiales de avivamiento en la historia de la iglesia. Siempre es claro que tales manifestaciones de la presencia y revelación de Dios tienen el propósito de llevar su conocimiento a todos los pueblos en todo el mundo. Vale notar que hoy los salmos se usan en todas partes del mundo.

Así el libro de Salmos puede considerarse un santuario literario que Dios usa para enseñar, estimular y guiar la adoración de su pueblo. Como el santuario estaba en el medio del pueblo de Israel, también los salmos están en el lugar medio de nuestra Biblia. Es la parte del Antiguo Testamento más usada por los cristianos.

LA INFLUENCIA Y VITALIDAD DE LOS SALMOS
A pesar de haber sido escritos en tiempos y contextos tan distantes de nosotros, los salmos siguen siendo fuente de inspiración para los creyentes hoy. Siguen teniendo tanta influencia y tanta vitalidad porque su intención es adorar a Dios; no son primordialmente para edificar, elevar o purificar al adorador, aunque también lo hacen; pero su propósito principal es dar gloria a Dios. Los salmos no son antropocéntricos sino teocéntricos, pero no olvidan la situación terrestre del hombre. Además, son de inspiración por su denuedo en la oración, su certeza teológica, su confianza en Dios, su responsabilidad histórica y social y, por supuesto, su forma estética.

EL CONTEXTO ANTIGUO
Algunos de los salmos pudieron haber sido escritos hace casi 3.500 años. En la Biblia tenemos indicaciones de cantos y oraciones poéticas mucho antes de la formación del Salterio. Algunos cánticos antiguos son el cántico de Moisés (Éxodo 15:1–18), los oráculos de Balaam (Números 23–24), otro cántico de Moisés (Deuteronomio 32), el cántico de Débora (Jueces 5) y el de Ana (1 Samuel 2:1–10). También se mencionan libros que parecieran ser colecciones de canciones: “el libro de las batallas de Jehovah” (Números 21:14) y “el libro de Jaser” (2 Samuel 1:18). Además los libros de Samuel y Crónicas contienen varios salmos.

Los otros pueblos antiguos también usaban cantos en sus cultos religiosos. Tenemos algunos de ellos de Mesopotamia, de los babilonios, de Egipto y de Ugarit. Sin embargo, fue en Israel donde más se desarrolló la himnología. Israel no desarrolló algunas artes como estatuas y relieves, pues el segundo mandamiento limitó esto; tampoco desarrolló mucho las artes dramáticas, probablemente porque en los pueblos paganos el drama tenía relación estrecha con sus ritos paganos. Pero Israel se destacó en la música, el canto y la himnología.

La poesía de Ugarit demuestra varias semejanzas con los salmos de Israel, pues los restos de Ugarit en Siria son producto de la civilización cananea-fenicia. Estas poesías, de c. 1400 a. de J.C., son cantos que adoran a Baal, Astarot, Anat y otros dioses cananeos. Las investigaciones en los textos ugaríticos han dado luz sobre algunas expresiones que se encuentran en la Biblia y ciertas costumbres cananeas. El hecho de contener formas de poesía y pares de vocablos en líneas poéticas paralelas muy semejantes a las de los salmos ha influido para que algunos biblistas acepten fechas más tempranas para los salmos. Con todo, la poesía de los salmos es más variada y mucho mejor desarrollada que la ugarítica.

CARACTERÍSTICAS DE LA POESÍA HEBREA
La característica más sobresaliente de la poesía hebrea es su “paralelismo”, que algunos llaman la rima de ideas. Normalmente los versículos tendrán dos líneas o dos partes y estas dos líneas tendrán ideas paralelas. Para el oído hebreo era lindo escuchar este tipo de repetición. De hecho mucho arte consiste en repeticiones, por ejemplo una sinfonía repite un tema musical con muchas variaciones. Asimismo en el arte de la poesía hebrea se encuentra todo tipo de variación en el paralelismo. A veces habrá tres o cuatro líneas; a veces el orden de la segunda será invertido.

Nos ayuda apreciar la belleza de los salmos si observamos este paralelismo; hemos de verlo como una manera artística de expresar los sentimientos del corazón. También nos ayuda a captar mejor los conceptos que el salmista quiere comunicar.

Encontramos tres clases básicas de paralelismo: el sinónimo, el sintético y el antitético. Incluimos aquí dos ejemplos de cada uno. Paralelismo sinónimo: “El que habita en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos” (2:4). “Digo: ¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes; y el hijo de hombre, para que lo visites?” (8:4). En estos casos es claro que la segunda línea repite en diferentes palabras la misma idea que la primera.

El paralelismo sintético repite el mismo concepto, pero agrega algún contenido adicional. “Los preceptos de Jehovah son rectos; alegran el corazón. El mandamiento de Jehovah es puro; alumbra los ojos” (19:8). “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra” (119:9). En ambos casos se agrega algo más; el segundo ejemplo es más claro, pues contesta la primera línea. A menudo será un juicio subjetivo decidir si se trata de un paralelismo sinónimo o sintético. Por ejemplo el Salmo 1:1 podría considerarse sinónimo, pero realmente se agrega algo más en cada una de las tres líneas: “Bienaventurado el hombre que no anda según el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los burladores” (1:1).

El paralelismo antitético es típico de la literatura sapiencial; los proverbios son mayormente antitéticos. Es una manera de enseñar con contrastes. Varios salmos también usan paralelismo antitético: “Porque Jehovah conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos perecerá” (1:6). “Porque los malhechores serán destruidos, pero los que esperan en Jehovah heredarán la tierra” (37:9).

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LOS SALMOS
Los salmos son buena parte de la poesía hebrea que tenemos. El fijarse en algunas de sus características generales también nos ayuda para entender y apreciar esta linda poesía.

Los salmos se caracterizan por una sencillez de expresión. El habla hebraica es directo y evita en lo posible explicaciones innecesarias (cf. Sal 95:6). Emplea símbolos gráficos tales como “la entraña” que significa compasión o “el viento” que es el vocablo empleado para espíritu, etc. Usa pocas oraciones complejas con frases subordinadas.

Se caracterizan por un vigor de expresión. En el hebreo, el verbo es el centro de las construcciones gramaticales. Del mismo se derivan los sustantivos. No es idioma suave o “diplomático” porque es más directo que sutil. Dentro del sistema verbal no hay tiempo, sino acción; el tiempo proviene del contexto. El hebreo antiguo hablaba con una franqueza que a veces nos molesta; decía lo que sentía aun hasta vívidas maldiciones y palabras francas de venganza.

Se caracterizan por el uso de muchas figuras literarias. El hombre hebraico poseía una vívida imaginación; vivía intensamente su propia vida y la relacionaba con la historia del pasado tanto como con el encuentro con la naturaleza existencial. Sus figuras literarias saltan como “los carros de guerra” (cf. Nahúm 2:4) o viene como “el cachorro de león” (Génesis 49:9), puede decir que Efraín podía ser “torta a la cual no se le ha dado vuelta” (Oseas 7:8). La poesía abunda en personificaciones, metáforas, símiles, repeticiones y preguntas.

Se caracterizan por un espíritu profundamente religioso. La contribución más grande de los salmos es su concepto teocéntrico del mundo; considera a su Dios el Creador, el que sostiene y dirige la historia y por encima de todo es Salvador (Salmos 77:11–14).

LA FORMACIÓN DEL SALTERIO
El libro de los Salmos no es una compilación hecha en un plazo corto. Su formación siguió un proceso que debe haber durado por siglos. Algunos salmos muestran estructuras arcaicas; se piensa que algunos ya se cantaban antes de la monarquía (sería más de un milenio antes de Cristo). Otros salmos fueron escritos después del regreso del cautiverio babilónico, quizá hasta 400 a. de J.C. (o, según algunos, más tarde). De hecho, el Libro V contiene más elementos lingüísticos tardíos que los otros.

Aunque no podemos trazar con detalle este proceso, podemos ver indicaciones de él. El libro se divide en cinco Libros: I: Salmos 1–41, II: Salmos 42–72, III: Salmos 73–89, IV: Salmos 90–106, y V: Salmos 107–150. Este hecho indica un proceso; los varios Libros parecen indicar etapas de desarrollo en el Salterio.

Otra indicación del proceso de desarrollo son las duplicaciones de salmos, donde salmos que se encuentran en otros libros se repiten en los Salmos (1 Crónicas 16:8–22 = Salmos 105:1–15; 1 Crónicas 16:23–33 = Salmos 96; 1 Crónicas 16:34–36 = Salmos 106:1, 47, 48. Las duplicaciones de salmos entre los Libros I y II (Salmos 40:14–18 = Salmos 70; Salmos 14 = 53) indicaría que son diferentes colecciones de salmos.

FECHAS Y AUTORÍA DE LOS SALMOS
Para interpretar pasajes bíblicos siempre es de ayuda conocer el contexto histórico de su origen. Aunque los estudios han podido mostrar el contexto general del origen de los salmos en Israel; en su historia y en su culto es muy difícil asignar fechas a gran parte de los salmos. Afortunadamente las características de ellos, que hemos visto, hacen que sean útiles para la alabanza, la inspiración y la oración del pueblo de Dios en todas las épocas. Con todo, siempre nos interesa saber, cuando es posible, la época de su origen.

Al principio de este siglo muchos dijeron que casi todos los salmos eran posexílicos. Sin embargo, por causa de los estudios de análisis de las formas y la influencia de los estudios ugaríticos, la tendencia recientemente ha sido volver a pensar en fechas más antiguas, hasta pensar que la mayoría sería preexílica, aunque siempre queda claro que algunos salmos fueron escritos durante el cautiverio babilónico y algunos son posexílicos.
Vale notar algunas razones para fechar muchos salmos más temprano que lo que antes se acostumbraba.

  1. La muchas semejanzas con la poesía ugarítica del siglo XIV a. de J.C. Varios salmos muestran detalles estructurales y gramaticales típicos de poesía muy antigua. Algunas palabras que antes señalaban esos salmos como tardíos, se han encontrado en la poesía ugarítica.
  2. El lenguaje de los salmos era común en Israel antes del tiempo de los profetas clásicos. Los salmos no muestran mucha influencia de los profetas pero encontramos influencia de los salmos en los profetas. Temas de los profetas como el pecado moral nacional, la supremacía de la moralidad sobre lo ritual, el juicio escatológico sobre los malos se encuentra muy poco en los salmos. Terminología técnica de los profetas, como “en aquel día”, “el día de Jehovah” o “los postreros días” no se encuentra en los salmos.
  3. Los traductores de la LXX, en el siglo III a. de J.C. no entendieron bien el lenguaje de los salmos ni entendieron algunos de los títulos, cosa que indica una fecha mucho antes para la composición de los salmos.
  4. Entre los Rollos del Mar Muerto hay unos 12 o 14 mss. de los Salmos que eran copias de manuscritos anteriores, cosa que indica el transcurso de bastante tiempo. Además, los salmos no canónicos del tiempo macabeo y asmoneo son diferentes de los salmos aún más tardíos del Antiguo Testamento. Tratan de imitar a los salmos bíblicos, pero difieren en estructura y en teología.
  5. Es interesante que en los salmos no se encuentran nombres propios más tardíos que la era de David y Salomón, y no se encuentran oraciones para restablecer la línea davídica.

Aunque estos argumentos indican que gran parte de los salmos es preexílica, siempre queda claro que algunos salmos son del tiempo del cautiverio babilónico y algunos son posexílicos.

Uno podría pensar que la presencia de la frase “salmo de David” indicaría la fecha de muchos salmos. Pero la palabra “de David” (heb. ledavid) puede indicar que el salmo fue escrito por David, o que fue escrito para David, o en honor de David. Lo mismo sucede con la mención de Asaf, los hijos de Coré y otros. De modo que no sabemos quién escribió muchos de los salmos.

Con todo, no debemos ser demasiado escépticos en cuanto a la tradición judía. Muchos de los argumentos usados para decir que David no escribió un salmo u otro no tienen buen fundamento ni tienen fácil respuesta. Dicen que si hay referencia al santuario, no puede ser de David, pero antes del templo de Salomón existía el tabernáculo. Dicen que los arameísmos indican fechas tardías, pero David tenía mucho contacto con los sirios (arameos); a veces los “arameísmos” pueden indicar un origen en el norte de Israel.
Los títulos de muchos salmos mencionan un acontecimiento en la vida de David, pero muchos biblistas descuentan esta información por completo porque los títulos no fueron parte original del salmo.

Es cierto que a menudo los títulos fueron agregados en un tiempo posterior a la composición del salmo. Así no podemos siempre estar seguros de si se basa en la tradición relacionada con tal salmo, o si fue puesto como una situación ejemplar para el uso del salmo.

Sin embargo, no hemos de despreciar el valor de los títulos. No olvidemos que son parte del texto hebreo sagrado. Los traductores de la LXX no entendieron algunos de los términos de los títulos, otra indicación de que los títulos son muy antiguos. Probablemente se basaban en muy buena tradición sobre el origen del salmo. El uso de títulos semejantes en salmos fuera del Salterio (2 Samuel 22:1, Isaías 38:9) sugiere que algunos salmos ya tenían títulos aun antes de ser incluidos en el Salterio.

La conclusión aceptada aquí es que mientras no podemos ser dogmáticos sobre la autoría o fecha de muchos salmos, debemos tomar en serio los títulos. Aunque es probable que varias veces “de David” quiera decir “dedicado a David” o “en honor a David”, no hay buenas razones para dudar que David hubiera escrito muchos salmos. Ciertamente la tradición de que él era buen músico, escribió salmos y organizó el culto tiene firme base histórica.

LOS TÍTULOS Y LOS TÉRMINOS TÉCNICOS
Ya hemos visto que algunos de los títulos de salmos identifican o asocian el salmo con una persona y algunos hablan de un acontecimiento histórico. Otros títulos tienen que ver con la clasificación, es decir, qué tipo de salmo es. Y otros tienen que ver con detalles musicales como instrumentos o melodías. Puesto que hoy no se sabe con toda certitud el significado de algunas de estas palabras, algunas de las conclusiones son deducciones basadas en lo que conocemos de otros vocablos relacionados con estos términos.

Las palabras clave en los títulos que indican clasificaciones de salmos son varias. Mizmor significa “salmo” o “canción”, una canción cantada acompañada por cuerdas; se encuentra en 57 títulos. Shir, que quiere decir “canción”, se encuentra en 30 títulos. Mictam (Salmos 16; 56–60), puede significar “meditación” u “oración silenciosa”; siempre está en títulos de oraciones davídicas ocasionadas por grandes peligros. Masquil aparece en 13 títulos (32; 42; 44; 45; 52–55; 74; 78; 88; 89; 142); es de un verbo que significa “comprender” o “prestar atención”; su significado en los títulos puede ser “armonía que ayuda al entendimiento”. Tefillah, “una oración”, se encuentra en cinco salmos (17; 86; 90; 102; 142). Tehillah, “alabanza” (se encuentra una vez en el Salmo 145). Tehillim (plural) es el título hebreo para todo el libro. Sigayón, significa “alabanza” (Salmo 7). Lehzkir, “para recordar”, delante de Dios. Es decir poner delante de él una petición. Letodah, significa “para alabar” (o dar gracias). Lelammed, “para enseñar” indica salmos didácticos. Shir yedidot, significa “canción de amores” (canción de boda).

Varios títulos indican los instrumentos que acompañarán al cántico. Neginot (4; 54; 55; 61; 67; 76) se refiere a instrumentos de cuerda. Nehilot (5) puede ser “flauta” pero el significado no es cierto. Sobre Seminit (6; 12) puede significar “la octava” o las notas bajas. Alamot (46) indica las notas altas de las doncellas. Gitit (8; 81; 84) de Gat (lagar), puede significar cantos del lagar o puede tener relación con la ciudad de Gat.

Otros títulos que parecen extraños a nosotros indican tonadas o melodías seguramente conocidas entre el pueblo al cual estos salmos fueron cantados. Mut-labén (9), lit. “muerte al hijo” probablemente era una melodía conocida que se usaba para cantar este salmo. Ajelet-sahar (22), lit. “la cierva de la aurora” no tiene nada que ver con el contenido del salmo, de modo que debe haber sido una indicación de la tonada usada para cantarlo. Asimismo son las indicaciones Sobre lirios (45; 60; 69; 80); Mahalat (53; 58. El significado es dudoso; la palabra hebrea significa “sufrimiento” o “enfermedad”. Posiblemente era una melodía usada en tiempos de aflicción); y No destruyas (57–59; 75).

Otros dos vocablos que aparecen en los títulos también eran instrucciones para los músicos. Selah (heb. salal, “alzar, elevar”) aparece 77 veces en los Salmos y tres veces en Habacuc. Es una señal litúrgica o musical; su significado preciso no es seguro. Probablemente era una indicación para que los instrumentos, que suavemente acompañaban a los cantantes, tocaran más fuerte en un interludio. Higayón (9:16; cf. 19:14; 92:3) significa “meditar”; como una instrucción musical puede indicar que toquen los instrumentos más suaves.

LOS GÉNEROS (LITERARIOS) DE SALMOS
Hay varias maneras de clasificar los salmos; muchas son clasificaciones según el contenido: penitenciales, mesiánicos, acción de gracias, salmos de confianza. Durante el siglo XX surgieron nuevos estudios que han enfatizado más la forma literaria o género de cada salmo.

El pionero en este estudio fue Hermann Gunkel (1862–1932). Gunkel identificó y describió las formas literarias básicas de los salmos. Su énfasis se conoce como la “crítica de formas”. Muchos de los comentarios subsecuentes han seguido sus líneas generales de clasificación, aunque con modificaciones.

Después Sigmund Mowinckel siguió desarrollando las ideas de Gunkel y puso énfasis en la relación entre los salmos y el culto en Israel. Aunque no podemos seguir a Gunkel y Mowinckel en algunas de sus enseñanzas, los dos énfasis, de géneros y del culto en Israel, han sido valiosos en la comprensión y la interpretación de los salmos.
En este comentario hemos seguido una clasificación de los salmos según sus géneros. No hemos de exagerar la importancia de identificar el género de un salmo, pues en algunos casos un salmo puede mostrar características de más de un género. A la vez, como toda investigación del contexto nos ayuda interpretar los pasajes de la Escritura, el observar el género o la construcción del salmo y su uso en el culto de Israel nos ayudará a entender mejor los salmos.

Muchas diferencias de interpretación de pasajes bíblicos tienen que ver con la identificación de géneros. La identificación del género puede ser consciente o inconsciente, pero en cualquier caso influye en la interpretación. Cuando leemos el diario, no decimos “este es un diario y estamos leyendo lo que alguien describe e interpreta de los eventos de ayer”. Pero lo damos por sentado y lo leemos creyendo que así sucedieron las cosas. Cuando leemos una carta, la interpretamos de acuerdo con lo que esperamos en una carta. Cuando leemos las instrucciones que vienen con un televisor, lo leemos con esto en mente. Cuando leemos en Esdras que el rey Darío dio una orden y buscaron en los archivos en Babilonia, pensamos que el relato es histórico. Cuando leemos una epístola de Pablo, tomamos en cuenta a quiénes escribe y por qué. Normalmente, todos estamos de acuerdo en cuanto a tales géneros, pero cuando leemos de bestias en Daniel y Apocalipsis, ¿debemos entenderlas como imágenes simbólicas o literalmente? Por lo menos alguna reflexión sobre qué género es, será importante en toda interpretación de textos escritos.

EL USO DE LOS SALMOS
Podemos decir que no hay y no ha habido ninguna otra literatura que haya tenido tanto uso por un tiempo tan extendido como los salmos del Antiguo Testamento. Desde muchos siglos antes de Cristo hasta hoy los que aman a Dios usan los salmos en su vida devocional y en su adoración.

Tenemos algunas indicaciones del uso de los salmos en Israel. Los Salmos 120–134 (cantos graduales) probablemente fueron usados por la gente en el camino a los festivales. Según el Talmud se usaban ciertos salmos durante los sacrificios diarios: domingo, Salmo 24; lunes, Salmo 48; martes, Salmo 82; miércoles, Salmo 94; jueves, Salmo 81; viernes, Salmo 93; sábado, Salmo 92. En las grandes fiestas religiosas se cantaban salmos: Pascua, 113–118 y 135; Dedicación, 30; Luna Nueva, 81; Tabernáculos, 118. El Salmo 145 se usaba en cada uno de los festivales anuales (quizá es el himno a que se refiere en Marcos 14:26). El Salmo 130 fue usado en el día de la Expiación.

Los salmos y su uso en el culto realmente tuvieron una influencia preponderante en Israel. La sociología nos muestra que cada sociedad va creando su propio mundo (su mundo de valores, modas y costumbres). En Israel fue el culto que iba formando su mundo de creencias y valores y los salmos eran el instrumento principal como “hacedor de su mundo”.

Dios usa los salmos precisamente en el culto, el tiempo cuando los creyentes adoran a Dios juntos. Sin el culto, es decir, una comunidad que activamente procese las verdades de los Salmos, éstos quedan como literatura inerte. Es en el culto donde el creyente experimenta la convicción, la enseñanza y el poder de Dios en su propia vida. Culto es un don de Dios por el cual el poder creativo de Dios está mediado. La obra de “hacer el mundo de uno” la obra dramática de adoración está autorizada y legitimada por el poder de Dios para “hacer el mundo” que es obra de Dios pero que es procesada por medio de la acción y habla humanas, obedientes, intencionales, disciplinadas. Estas acciones y habla humanas moldean y articulan el mundo. Así podemos decir que el “hacer el mundo” es obra de Dios, pero se hace por medio de actividad humana que Dios ha autorizado y en que Dios está presente.

Esta percepción del uso de los salmos y la importancia del culto es muy vigente hoy a la luz de la enseñanza de Jesús de formar una “comunidad alternativa”. Hoy más que nunca la iglesia tiene que ser tal comunidad alternativa.

Desafortunadamente, “el mundo” de la sociedad hoy está formado por los medios masivos, los avisos, el cine y la televisión con valores que en gran medida son antibíblicos. Dios usa y quiere usar más el culto para ir formando el mundo de valores de la contracultura cristiana, pues en la adoración tenemos comunión con Dios y unos con otros y el Espíritu de Dios va usando su palabra para moldear nuestras vidas cada vez más a la imagen de Cristo.

Los salmos y el culto de Israel nos enseñan cómo procesar la experiencias compartidas a través de “narrativas normativas” (lenguaje del éxodo, los actos de Dios en el pasado, la redención) y nos ayuda en interpretarlas. Asimismo el culto nos dirige a una entrega más profunda. La adoración articula y encarna (da cuerpo a) nuestra capacidad de entregarnos, someternos y abandonarnos en confianza y gratitud a Dios. La adoración no es solamente un requisito y necesidad de humanos, es también un deleite humano. Tenemos un hambre innata de extendernos más allá de nosotros mismos; para devolver nuestra energía y nuestro valor al Dios de quien fue dado. En este volver a Dios, encontramos nuestro gozo más profundo; esto es lo que significa “Glorificar a Dios y gozarse en él para siempre”. (Nótense la decisiones de entrega en los Salmos: 19:14; 25:1; 42:11; 52:9; 57:7; 116:12, 13; 139:23, 24; 143:10.)

TEOLOGÍA EN LOS SALMOS
Los salmos están repletos de teología. Lo que cree un pueblo surge en su canto. De modo que todos los temas teológicos del Antiguo Testamento se encuentran en los salmos. Destacan tres temas continuamente que son el encuentro personal con Dios, la importancia de la naturaleza y el sentido de la historia, y que Dios ha actuado en la historia de Israel y sigue actuando. Además, uno encuentra todos los temas teológicos como el pecado, el juicio, el amor de Dios, su misericordia, la providencia, la resurrección, y la esperanza mesiánica. Aquí sólo queremos comentar tres de los muchos aportes teológicos: “El centro es Dios”, “la antropología” y “la oración”.

  • El centro es Dios. El centro de todo el Salterio es Dios mismo. Aunque dice muchísimo del ser humano, aunque podemos encontrar todos los estados emocionales del hombre en los salmos, Dios sigue siendo el centro. Se le llama bienaventurado al ser humano que teme a Dios y ama su palabra, pero no se le alaba, no se le rinde homenaje; esto se reserva solamente para Dios. Ni los ángeles son loados.
    Aunque David era tan importante en la tradición salmista de Israel, es significativo que no encontramos ningún poema para honrar a David ni a sus héroes. El que recibe toda la honra y la gloria es Dios.
    Esta honra y alabanza al único Dios también conlleva un contenido rico, pues se le alaba por su poder, por quién es, por su creación, por su providencia, por su Espíritu, por su justicia, por su juicio, por su amor y misericordia, por su actos salvíficos, por su señal sobre las naciones y sobre todo el universo. Los salmos llevan al lector al conocimiento más completo y más profundo de Dios y a la comunión íntima con él.
  • La antropología. Aunque los salmos son teocéntricos y no antropocéntricos, nos dan una buena visión de qué y cómo es el ser humano. Los psicólogos encuentran en los salmos todos los estados emocionales del hombre. Y con cada situación problemática se da una manera de enfrentarla. Describe al hombre feliz y bendecido, describe sus prioridades, sus móviles, sus pruebas y su profunda confianza en Dios. Los salmistas no pueden pensar en un ser humano íntegro sin llevar una vida de sumisión a Dios y de comunión con él.
    Asimismo, los salmos describen los seres humanos que no temen a Dios. Explican también sus prioridades, su egocentrismo, su prosperidad (temporal), su rebelión contra Dios, su orgullo, su debilidad y el juicio de Dios que tienen que esperar.
    La lectura constante de los salmos va nutriendo la mente y el corazón del creyente. Así se van formando en él conceptos sanos y correctos sobre Dios y en cuanto a sí mismo. En lugar de leer o escribir libros sobre la teología del Salterio es mejor leer constantemente los salmos. Algunos líderes cristianos han hecho el hábito de leer todo el libro de Salmos cada mes.
  • La oración. El libro de Salmos también se puede considerar un manual de oración. Gran cantidad de las alabanzas están dirigidas a Dios en forma de oración. Los salmos enseñan a toda la congregación qué es orar y cómo orar.
    De los salmos hemos de aprender cómo orar a Dios. Lo que los biblistas, teólogos y educadores cristianos enseñan sobre la oración, ya está en los salmos. Indican que la oración incluye la adoración, la alabanza, la confesión, la petición y la intercesión. Cada uno de estos aspectos de la comunión con Dios es desarrollado de muchas formas y en múltiples contextos.
    Los salmos no dejan la oración en un estado académico, seco, intelectualizado; más bien la viven con todo el calor de su amor para con Dios y su entrega absoluta a su voluntad. Hacen hincapié en los móviles del corazón, la necesidad del corazón contrito, quebrantado y humilde delante de Dios su Señor y Rey.
    Los salmistas reconocen su pecado, que es menester la sanidad espiritual y física, su debilidad, su necesidad de depender completamente de la gracia y la misericordia de Dios. Reconocen que Dios quiere adoradores y oradores santos, de modo que hablan mucho de la ética, los mandamientos de Dios, la justicia, la santidad, la obediencia sumisa a Dios.
    Llama la atención la cantidad de salmos en que el pueblo o el salmista están en alguna crisis, o le atacan los enemigos, o está enfermo, o está desanimado, o en algún otro peligro de muerte, o en una crisis de fe. Los salmos nos enseñan que podemos clamar a Dios en cualquier situación en que nos encontremos y que Dios siempre escucha y está consciente de nuestra situación.
    También los salmistas nos muestran cómo usar la Palabra de Dios cuando oramos. Apelan al pacto que Dios hizo con su pueblo, apelan a las promesas de Dios, a sus actos maravillosos en el pasado y a su misericordia. Podemos usar el libro de Salmos como una escuela de oración.

Cualquier estado emocional en que se encuentre, uno puede hallar un salmo o varios que expresan exactamente lo que su propio espíritu quiere clamar a Dios. Así durante siglos los que aman a Dios han encontrado en los salmos, inspirados por el mismo Espíritu de Dios, las palabras justas para expresar sus clamores, su amor y su adoración al Dios de todo el universo.

Uno podría preguntar si el cristiano hoy también puede usar oraciones imprecatorias (deseando destrucción para los enemigos). Una explicación más detallada de las imprecaciones se encuentra en el comentario a estos salmos (cf. 109). Por supuesto, no podemos pedir mal sobre enemigos personales, pues estamos bajo el Nuevo Pacto. Sin embargo, hay un aspecto de la oración donde las imprecaciones pueden ser útiles, es la batalla contra las fuerzas malignas. Todo este tema involucra la pregunta sobre quiénes son los enemigos en los salmos.

Es claro que en el primer plano los enemigos de Israel y del salmista individual son seres humanos, son ejércitos y hombres malvados. Pero detrás de ellos hay poderes más allá de lo humano, diríamos poderes espirituales malignos. Los hebreos no eran tan analíticos como nosotros, no trataron de distinguir entre los enemigos físicos humanos y los poderes malignos. Los dos juntos constituían los enemigos de Dios.

El Nuevo Testamento hace claro que nuestros enemigos principales no son de sangre y carne sino nuestra lucha es “contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales” (Efesios 6:12). Así el creyente puede usar los salmos imprecatorios contra los enemigos espirituales. El Nuevo Testamento da por sentado esta interpretación de los enemigos de Dios; el lenguaje de Romanos 8:38, 39 lo puede indicar: “Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo porvenir, ni poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

Si examinamos a fondo los salmos veremos el uso de ellos en el Nuevo Testamento y hoy no es una espiritualización exagerada o incorrecta. Los mismos salmistas estaban conscientes de los poderes demoníacos que se oponían a Dios. Un comentarista alemán de los salmos tan reconocido como Hans-Joachim Kraus, hablando de los poderes enemigos del pueblo que también son enemigos de Dios, reconoce que son seres humanos, pero dice que incluyen poderes más allá de lo histórico. Dice Kraus: “Pero en este contexto [de alabanza], aparece el tema ‘enemistad’. Poderes enemigos hacen frente al Creador y Señor de las naciones (66:3; 68:1, 2, 21; 97:3; 8:2). …La enemistad contra Yahvé y contra su pueblo tiene una seriedad última que trasciende los acontecimientos históricos… la alabanza de Israel no está a salvo de las impugnaciones y contradicción de los poderes enemigos que perturban la naturaleza y la historia. …También la alabanza que tiene como sentido la superación de los dioses apunta al mundo de la mitología” (Teología de los salmos [Sígueme, 1985], 171, 172). En el contexto de erudición racionalista alemana, donde Kraus escribió, lo mitológico se refiere a lo sobrenatural.

Cuando los salmistas hablan de la destrucción de los enemigos de Israel, dice Kraus, “la medida de la destrucción enemiga trasciende las dimensiones de lo histórico”.
Cuando los salmistas hablan de los enemigos del individuo, usan tres grupos de imágenes, los enemigos son comparados con: un ejército enemigo que ataca a los desamparados, cazadores o pescadores que tratan de atrapar su presa y fieras salvajes voraces que atacan al hombre de manera repentina (Kraus, 147–175). Dice Kraus: “El contraste entre los poderes enemigos y las instituciones sacras del santuario, las desamparadas víctimas y, sobre todo, la relación con el Dios que juzga y redime, subraya fuertemente el carácter demoníaco y alevoso de aquellos. Esos poderes pretenden separar de Dios a los pobres, a los justos y a los enfermos. Elevan acusaciones y pretenden cortar el lazo que une a Yahvé con sus siervos. El cuadro que se traza está pensado en algo que va más allá de lo puramente humano. Se describen poderes ocultos y prototípicamente mente malos: fuerzas de lo destructivo, enemigo de la vida, de lo que separa de Yahvé y corrompe la creación” (Ibíd., 178).

No es claro si un erudito como Kraus cree en la existencia de demonios o no, pero reconoce que los salmistas, sí, tenían en mente tales fuerzas detrás de los enemigos físicos. “Cuando se dice que el enemigo primigenio es un poder del Seol hay que añadir inmediatamente que Seol y enemigo tienen una única meta o efecto único: apartar de su Dios a las personas que invocan a Yahvé… En este sentido, es cierta la afirmación de M. Buber: ‘El enemigo contra el que el salmista polemiza con celo… no son personas humanas ni poderes humanos sino el tentador primigenio que impide la redención en la historia’” (Ibíd., 181). Kraus sugiere que cuando los textos neotestamentarios hablan de demonios, no hemos de pensar solamente en su contexto helenístico, “sino que habrán de tenerse en cuenta las afirmaciones veterotestamentarias sobre los poderes enemigos y situar aquellas afirmaciones en un contexto más amplio” (Ibíd., 181).

Los salmistas reconocen que sus enemigos son fuertes; pero es importante notar que para ellos Dios tiene infinitamente más poder; en un instante los disipa como tamo o como paja. Nunca dudan de la victoria de Dios sobre sus enemigos y a favor de su pueblo. Tiene razón Kraus en decir: “Pero no los poderes enemigos, sino Yahvé es el soberano único, el que vence a los poderes caóticos primigenios en soberanía superior al mundo. Los cantores y orantes son plenamente conscientes de esta realidad” (Ibíd., 180).
La conclusión evidente es que el creyente neotestamentario no puede usar oraciones imprecatorias contra sus enemigos físicos personales, pero sí, bien puede usarlas contra los enemigos que no son “de sangre y carne” (Juan Calvino las usaba así, cf. Sal. 18; 35; 109). Ahora bien, si podemos usar tales oraciones en nuestra lucha espiritual, también debemos aprender de todos las oraciones de los salmos para adorar a Dios, pedir su socorro y su bendición para nosotros y sobre nuestros hermanos y todos los que nos rodean.

Que la confianza en Dios y la comunión con él crezcan con el uso de los salmos y que estos comentarios sean útiles a Dios para el mismo propósito.

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